Como resultado de estos incrementos en las cotizaciones, el presidente del CNA pronostica que en los últimos meses veremos “una cascada” en los precios del pollo, huevo y la carne, tanto de cerdo como de res, es decir, todos los productos que requieren de maíz amarillo como alimento.

Esto se sumará a los cambios fiscales para los productores agrarios, los cuales, aseguró, desincentivarán la inversión en el campo mexicano y agravarán su de por sí mala situación.

En primer lugar, porque el incremento en las cotizaciones provocará que, por primera vez en 15 años, los productores de maíz tengan ingresos aceptables por sus cosechas, lo que evitará un mayor abandono del campo y mayor migración.

La burbuja en los precios, continúa el legislador, no será eterna. Tal vez durará un año y medio ya que los Estados Unidos tienen 5 millones de hectáreas en descanso y, una vez que esas tierras vuelvan a producir, las cotizaciones volverán a la normalidad.

Ese año y medio de precios altos, no obstante, debe ser aprovechado para reformular las políticas hacia el campo, buscando dos apuestas: primero, mantener los apoyos al cultivo de maíz blanco, donde somos autosuficientes, el cual es la base para la producción de tortilla.

Según la Secretaría de Economía, el maíz amarillo es uno de los principales insumos para avicultores, porcicultores y ganaderos. Un incremento fuerte en su precio provocaría que muchos salgan de mercado y se importen sus productos.

La Cámara de Diputados considera que, aunque los precios de dicho insumo aumenten, está ingresando al país carne de cerdo estadunidense de inventario, lo que reduciría cualquier intento de incremento de precios para el consumidor final.

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