Son unos artistas, auténticos creadores plásticos: moldean la realidad y la ocupan al completo. Unos maestros del tiempo político y del espacio mediático. Y lo hacen con eficacia. Ahí tienen a Rita Barberá: cada semana, cada quince días, se descuelga con un hito, un estadio, una maqueta, una declaración con la que se adueña de la situación. «Todos queremos pólvora, y para los niños también», dice en la Cridà. ¿Qué importa que sea una irresponsabilidad contraria a la ley vigente? Lo que importa es que genera noticias, un torrente de columnas de opinión, adhesiones de un mundo que conoce a la perfección, simpatía. Los otros, los responsables, aparecen como enemigos y traidores, tristes. Ella, la irresponsable, es la alegría de la huerta, defensora de la valencianía, capitana de los nuestros. ¿Eficaz? En extremo: consigue una moratoria, una excepción a la regla. ¿Eficaz? Eficacísima: hace tres meses que quiero escribir algo sobre Carmen Alborch y Gloria Marcos sin que la realidad me otorgue la ocasión. Ni a favor, ni en contra. ¿Más ejemplos?

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