Ella, Isabel Cisneros, usaba series de objetos hechos en cerámica que luego amarraba pacientemente. Él, Vicente Antonorsi, se valía de la madera para sus creaciones y también usaba mecates o pabilos.

En apariencia, se trataba de dos trabajos plásticos distantes pero unidos -cosidos, cabría decir- por la pasión que sienten ambos por el tejido.

De ese punto de encuentro se dieron cuenta hace ya unos cuantos años, mientras cosían unas banderas en la Plaza de los Museos para una manifestación durante el Paro. Una primera señal les anunció que compartían un interés particular por el tejido, por el engranage y por las acumulaciones.

Aunque desde puntos de vista antagónicos: Antonorsi no puede pensar en algo más estructurado y reticulado que una tela. Ella, en cambio, ama la flexibilidad que tienen sus estructuras y prefiere la irregularidad, lo que se mueve.

Ambas visiones se encuentran en esta exposición que inaugura hoy en la Sala TAC, bajo la curaduría y montaje de Miguel Miguel: Acumulaciones, diálogos visuales.

La idea, que surgió espontáneamente, dio resultados que maravillaron a ambos. No sólo porque el diálogo y el intercambio -de ideas y materiales- fue fluido e interesante sino porque con la muestra están sentando un precedente en los modos de producción del arte contemporáneo.

Ambos artistas están satisfechos con la experiencia que se concretó hace año y medio. Antonorsi ofreció sus maderas a Cisneros y ella, a su vez, hizo series de objetos en cerámica que usó Antonorsi. "Equilibrada amalgama", las califica acertadamente Miguel Miguel.

Ambos sienten que el trabajo del otro los retroalimentó, al punto de abrir caminos por los que no habían transitado antes. El uso de materiales diferentes a los habituales fue un reto al que se enfrentaron juntos. Cisneros usó, además de su característico gres, madera, semillas de tagua, conchas de coco, cintas, botones, escamas, cuero y caracoles. Antonorsi, sin desprenderse de la madera, tuvo su primer contacto con piezas de gres hechas por Cisneros.

En ese intercambio en el que a veces parece no identificarse la autoría de cada uno hay una exploración individual: "Ninguno solo en su taller hubiera hecho ninguna de estas piezas", asegura Cisneros. "Me encantó hacer cosas mías con materiales de ella", dice Antonorsi.

Hay, además, un homenaje entre ellos. Pero también imitación y parodia. Antonorsi cuenta que su influencia más fuerte la tuvo con la ruptura de sus estructuras geométricas perfectas, de la que Cisneros es devota. Sin embargo, en esas composiciones aparentemente desordenadas hay una cuadrícula perfecta que organiza todo.

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