Por la avenida del Juguete, en la carretera que viene de la localidad alicantina de Onil, se accede al pueblo más infantil de España, Ibi. Vivieron allí tres hermanos, Vicente, Emilio y Pascual Payá Lloret; hijos de Rafael Payá Picó, a quien todos en el valle conocían como el hojalatero Payá por ser éste su oficio. Los chicos crecieron jugando al trompo, la taba y la pelota. Y cuando llegó el momento de tomar decisiones adultas, optaron por seguir la vía paterna, pero a su manera.

Compraron la fábrica a su progenitor, utilizaron los retales de la producción artesanal, convirtieron en miniaturas los utensilios domésticos de hojalata que su padre había fabricado (tazas, platos, candiles, regaderas ) e inventaron unas piezas metálicas que se accionaban por resorte. Imbuidos de optimismo, bautizaron a la factoría como la 'Sin Rival. Payá Hermanos', «única en España en trabajos adelantados», rezaba la primitiva publicidad de la firma. Era la primera fábrica de sueños que nacía en Ibi. Una jugada maestra.

Aquellos primeros juguetes ni de lejos se parecían a la moto de tracción mecánica de Pedrosa, al bólido por radiocontrol del campeón de la Fórmula 1 Fernando Alonso, a los 'tentes' con ordenadores en tres dimensiones, a los videojuegos de Harry Potter y a las nuevas muñecas de 90 centímetros con todo tipo de accesorios que causan furor. Los primeros mecanismos de hojalata -material parecido al hierro que no se oxida y es más maleable- se coloreaban a mano y tenían mil formas -motos con sidecar, carruseles, un futbolista, un bombero, un barrendero -. No hablaban, no llevaban pilas, no hacían ruiditos extraños ni desprendían luces psicodélicas, pero divertían a los niños ricos, los únicos que podían comprarlos. Y a las niñas. La 'Sin Rival ' también abrió en Alicante una delegación dedicada a hacer cocinitas de lata.

Los Payá no tardaron en cosechar éxitos y en marcar el camino para una industria juguetera que en los años siguientes se consolidaría en el mismo municipio. Muchos empleados que aprendieron el oficio en la fábrica matriz crearon su propia firma. Llegaron a abrirse un centenar de empresas jugueteras. Ibi, cuyas gentes se habían dedicado a comerciar con nieve y a elaborar helados artesanales, cuando no se veían obligadas a emigrar a Aragón o a Castilla, a la siega, a Argelia, a la poda de viñas o a Navarra para fabricar tejas, cambió de pies a cabeza.

En treinta años, el perímetro del pueblo se multiplicó por cinco. De Ibi salían cientos de juguetes para niños de toda España. Y otros tantos para fuera del país. Hasta hoy. La factoría Payá sigue en pie. No son los cuatrocientos que llegaron a estar en nómina, pero una docena de empleados unidos en cooperativa ha tomado el relevo y crea sueños, como antaño. Las matrices y los diseños litográficos originales se conservan en perfecto estado, al igual que los moldes de hierro que se precisaban para construir primero el prototipo en madera y luego el juguete.

La razón es simple: la firma se afana en reeditar los juguetes de chapa de pura cepa española que aparecieron en los catálogos de los años 20 y 30. Piezas que se creían perdidas en el tiempo. Compran las planchas de hojalata en la localidad vizcaína de Barakaldo y las litografías las encargan en Alicante. Sus clientes son 'niños mayores': museos, coleccionistas y nostálgicos. Consecuencia de las videoconsolas y el radiocontrol. En ocasiones les llegan encargos especiales: un carrusel para la película 'Tiovivo c.1950' (2004) de José Luis Garci, un barquito para el Atlético de Madrid Sólo fabrican una miniatura de plástico, «el seat 600, pues encontramos el molde intacto», avanza Lino Vila, presidente de la cooperativa Payá.

No hay ibense que no haya sido juguetero. La propia alcaldesa del municipio, Mayte Parra, evoca: «Mi padre trabajaba en la única fábrica de muñecas que hubo en Ibi, en casa hacíamos nuestra propia producción doméstica y yo también montaba piezas». Salvador Miró, que ostenta la presidencia de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), llegó a compaginar su trabajo en Rico S.L. -compañía posterior a la apertura de Payá- con sus estudios secundarios. En aquellos tiempos, Carmina Moltó jugaba a cocinitas. «Pero no como las de ahora, que tienen microondas, radio y lavadora, y además, todo funciona». Hoy le traen más de cabeza las matemáticas. En la fábrica Moltó, que lleva medio siglo en Ibi, quieren celebrar «otros cincuenta años más, por lo menos», aunque «está difícil. En China copian los diseños de juguetes occidentales y ya se sabe que la mano de obra allí es muy barata», lamenta Carmina.

Las decisiones importantes en esta firma se toman en una sala imponente, donde unos sillones de piel oscura custodian una formalísima mesa redonda de roble. Un ambiente sobrio que choca con los numerosos juguetes, de todas las formas posibles y de todos los colores, que se encuentran repartidos por la sala. Esta amalgama de artículos recuerda a los consejeros que la última palabra la tienen los niños.

Lo cierto es que 'el enemigo' también está a este lado del mapa. Una empresa alemana, Markus Brehm, ha registrado la marca 'Ibi Toys' sin pedir permiso al pueblo alicantino. El Ayuntamiento se ha visto obligado a tomar cartas en el asunto para «salvaguardar un sello distintivo». «Tenemos una experiencia, una tradición, un saber hacer y un prestigio que nos hemos ganado en cien años y dan un nombre propio a los productos que se hacen aquí, reconocidos a nivel internacional», defiende la alcaldesa Mayte Parra. Convencida está de que no habrá otro centenario que celebrar. «Éste se merece todos nuestros esfuerzos», dice.

Como Moltó, apuestan por sobrevivir en Ibi Feber, Coloma y Pastor, Reig, Chicos y otra media docena de empresas, bien conocidas por los niños, pero también, por los padres españoles. Algunas han abierto filiales en Hong Kong porque las grandes operaciones comerciales se cierran en China. En total, se reparten tres millones de metros cuadrados de suelo industrial para conseguir que el paro en Ibi se sitúe por debajo del 6%. El calendario laboral se inicia en mayo y finaliza en diciembre; la estacionalidad del sector, otra tarea pendiente.

En Ibi se concentra el 44% de la producción de juguetes en este país, pero las empresas que se dedican a ello no son las más prósperas del municipio. Basta echar un vistazo a los rótulos de las industrias más numerosas: transformación de plásticos por inyección, moldistas, fabricantes de concentrados de color, electrónica, menaje Trabajan para las jugueteras, y para otros clientes.

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