Directorio Industrial.
El Registro Civil se quedó en el pasado...
En la sala de 100 m2 cuesta respirar. Es el área de cedulación del Registro Civil del norte y un centenar de personas espera el turno para sacar la cédula, requisito para la consulta popular de mañana.
En las dos últimas semanas, la afluencia de ciudadanos a estas oficinas subió. Esta fue la razón por la que en esas dependencias se amplió el horario de atención, desde las 07:00 hasta las 20:00.
Los 34 empleados del departamento se repartieron en dos brigadas para atender al público. “Es el mal de los ecuatorianos.
Todo dejamos para última hora”, comenta Antonio Mancheno, el coordinador del área, quien no ha dejado de disparar la cámara Polaroid. La foto y la plastificación son los últimos pasos para otorgar el documento. En el Registro de la calle UNP esta semana se entregaron hasta 1 200 cédulas al día.
Frente a la cámara y con una tela roja de fondo, María Valarezo luce lista para la foto. Después de 30 minutos de permanecer de pie, está por concluir el trámite. Tuvo que pasar por las ventanillas de recaudación, de entrevistas (para actualizar los datos) y de dactiloscopia (para revisar las huellas).
En el acceso principal y bajo un cielo que anuncia tormentas, Victoria Ramos y otras mujeres ofrecen fotos a quienes buscan el documento. Ellas ganan 0,50 dólares por cada cliente que llevan a los estudios de la calle UNP. “Ganamos hasta cinco dólares al día”, relata Ramos, bajita y con el rostro quemado por el sol.
En las oficinas de San Agustín (en el Centro Histórico) la afluencia del público no se detiene ni con la lluvia copiosa que oscurece los lúgubres pasillos. En la puerta, Alberto Limones también busca clientes para uno de los 10 fotógrafos que tienen sus oficinas en el centro comercial San Agustín.
Unas gradas con las paredes manchadas llevan al segundo piso, que está a media luz. Al caer la tarde, las puertas de las áreas de nacimientos, matrimonios y partidas están cerradas, pero en las ventanillas de cedulación hay decenas de personas.
Aída Zamora, funcionaria de partidas de nacimiento, está abierta al diálogo. En marzo (por la entrega de utilidades ) y en vacaciones (antes del inicio de clases) hay mayor demanda del documento, relata. Ella está lista para integrarse a la brigada de cedulación, si llega más público.
Los funcionarios de las 10 ventanillas parecen no descansar. Estos días, a esa dependencia acudieron 1 100 personas al día. “Lo importante es que tenemos material, queremos dar un servicio ágil”, dice Eduardo Leiva, jefe de la brigada de cedulación de turno.
A un costado de las interminables filas de usuarios, Víctor Maldonado se gana hasta 10 dólares al día con su vieja cámara. Una de las paredes sirve como estudio.
En Turubamba, al sur, el patio de adoquín y los galpones que sirven de oficinas y archivos están llenos de usuarios que buscan cédulas, partidas, matrimonios... Allí, en estos días se cedulan hasta 1 600 personas por jornada.
“El problema es que nos mandan de una ventanilla a otra por cualquier pretexto”, se queja Carlos Ortiz. El vecino de Carcelén (del extremo norte de la ciudad) hace fila en la ventanilla 46, destinada para revisar las huellas .
En esa oficina, entre miles de cajas apiladas que contienen las tarjetas dactilares (las de las huellas de los 12 millones de ecuatorianos), Carlos Cuasquer busca el registro que corresponde a Ortiz. “El archivo está organizado de acuerdo con nuestros recursos”, dice.
Los colaboradores esperan que las condiciones de trabajo mejoren con el cambio de administración. En el último año dejaron de pertenecer al Ministerio de Gobierno y al Consejo de Modernización, para ser acogidos por la Vicepresidencia de la República.
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