Fue Discépolo quien impuso imágenes de cruda violencia en los versos, los "desfranelizó" y desterró la cursilería con sus hallazgos de poeta entre maldito y mesiánico. Faltaba aggiornar melodía y armonía, y Astor Piazzolla le contó al tango cómo sonaba la música del mundo después de Hiroshima. Y hubo que hablar de música de Buenos Aires.

Discépolo conoció a Tania en 1931 la primera noche que pisó un cabaret: el Folies Bergere porteño. Acababa de escribir y ella lo cantó sin desprenderse de su estilo de cupletista. "Yo era la Madonna del año 30. Manejaba mi cupé y mi ambiente era el de grandes apellidos: Alzaga Unzué, Basavilbaso, Basualdo. Enrique tenía amigos intelectuales, aburridos y secos, no se salían del cafecito y el puchero. Era culto él, sí, pero en el fondo para mí era un actorcito. Me besaba la mano y mandaba flores, tantos ramos tiraba yo cada noche... Lo fui arrimando a mi gente, o sea que lo llevé por mal camino. Le enseñé a vivir a Chachi", evocaba Tania en una charla con este cronista, en 1995. Detrás de las veleidades de soberbia desilustrada surgió una confesión contradictoria. "Aprendí todo de él, creí en su talento, y cuando hubo que poner el hombro, empeñé mis joyas. Qué no hice por él. Le compraba dátiles, nueces, para que engordara, pero no había caso. Me arrancaba una protección casi maternal. Chachi -yo le puse el sobrenombre de un chico- me decía: ''Antes de ir a bombardear Japón los aviadores yanquis apenas comen un chocolatín; como yo no pienso bombardear a nadie, ¿para qué voy a comer?''".

En 1938, siendo Perón agregado militar a la Embajada Argentina en Chile, quiso conocer a Discépolo, de paso por Santiago. Perón había bailado tango con su primera esposa, María Tizón, placer que -quizá porque Perón nunca fue menemista- no se permitiría lucir en público. Se dice, además, que a solas tarareaba letras discepoleanas con un registro que orillaba el de Edmundo Rivero. Recíprocamente cautivados, tardarían en reencontrarse.

A mediados de 1944 el gobierno militar lanzó una campaña de censura de las letras de tango más desnudas y las lunfardescas. Delegados de SADAIC, Homero Manzi y Discépolo entrevistaron a Perón, entonces secretario de Trabajo y Previsión. "Si lo dejan, el lunfardo se va a morfar a la academia, coronel" -deslizó Enrique. Risotada de Perón y sentencia: "Van a tener que convivir". Ahí renació la amistad abierta en Chile y como eco inmediato Discépolo se mudó de su casa en La Lucila al departamento de Callao al 700.

El matrimonio con Tania mostraba en ese punto serias fisuras. A La Gallega se le atribuían furtivas relaciones paralelas. Ella pretendía explicar sus salidas: "Venían amigos a comer y cuando se iban, por ahí Chachi decía: ''Andá a dar una vuelta con los señores''. Entonces yo iba. Cosas de él...". Cuesta creer el chisme. El amor no era un juego para Discépolo, aterrorizado por la menor deslealtad y capaz de proclamar "soñé que era Jesús y te salvaba". "Actitud puramente creadora, nada era tan negro en su vida"-juzgaba Enrique Cadícamo. Tampoco Mariano Mores comulga con la imagen de fragilidad afectiva: "Uno se sentía tan seguro al lado de Enrique; yo lo escuchaba religiosamente, me enseñó todo lo que soy".

"Con sus amigos era otro tipo, ella no estaba a su altura" -separaba tantos Tita Merello. En el 45 Discépolo viaja a México en un barco de carga "para estar solo, pensar y probarme a mí mismo, apartado de todo". En el D.F. vive en el edificio donde se alojan Luis Sandrini y la Merello, por entonces, sólida pareja. En seguida crece un encendido romance con una mujer mexicana y casi todas las noches los cuatro comparten la cena.

Fue precisamente Tita quien confirmó que habían tenido un niño que posteriormente, ya adolescente, pretendería en vano -Tania contrató un ejército de abogados- ser reconocido como hijo de Discépolo.

En febrero de 1946 Perón es elegido presidente y Enrique Santos Discépolo regresó al país. Se hacen frecuentes las charlas y también se trenzan, mano a mano, en interminables, alegóricas partidas de truco. "Un día Perón cantó envido, Chachi grito real envido con un 6. Hasta el gato supo que mentía. Perón tenía 31, lo miró a los ojos y dijo no quiero. Nunca se lo conté, pero me reventaba eso de sobrar a Chachi", refería Tania un episodio del juego. ¿Lo sobraría Perón, o se limitaba a complacer, rasgo de ese paternalismo que no cesaba de ejercer hacia el rival truquero y también los 100.000 descamisados que encendían la plaza de Mayo?

Más allá del naipe, Perón escuchaba a Discépolo y esencialmente había medido con precisión la honda llegada al pueblo de su bronca, su humor, su poesía, la certeza con que siempre rescataba las palabras justas, ésas que el pueblo consideraba suyas. "Usted es un visionario. En 1932 escribió ''cachá el bufoso y chau, vamo a dormir'' y en el 34 en Buenos Aires se batió el récord de suicidios: 627 certeros y 355 que fallaron" -elogiaba Perón a un Enrique incrédulo de las estadísticas, no del arrugue ante el real envido.

Contaba Discépolo que en "la humillante comunidad del conventillo, enmarcando el permanente corso de cucarachas, la lata era un trofeo y la rata, un animal doméstico", su timidez infantil se desangró para cicatrizar en costras de miedo y tristeza. Amargura, dolor, resentimiento, astillas de un odio de clase animaban a los inapetentes. Discépolo los traducía en poemas, Evita quería pelear por una vida mejor para su gente. Podría arriesgarse que la presencia de Perón debía alterar sus diálogos en la vigilia nocturna con escenografía de platos, copas y cubiertos inútiles (Discépolo bebía whisky, pero no estando con ella). Los dos habían padecido tempranamente la ausencia del padre, los dos se amparaban bajo la aureola protectora de Perón.

De todos modos Enrique Santos Discépolo era el único amigo que lograba arrancarle risas al cabo de quince horas de trabajo. Para ensuciar esa amistad se comentó que Eva Perón le había otorgado un permiso de importación de rulemanes, garantía de espléndidas ganancias en tiempos de posguerra. "Qué turro hay que ser para imaginarse a Discépolo metido a importador. Estoy seguro que nunca llegó a pronunciar la palabra rulemanes"- lo defendió José Barcia.

Enrique y Tania continuaban yendo a la quinta de San Vicente. La visión de esas reuniones de La Gallega era implacable: "Me aburría soberanamente yo. No comían, no tomaban y sólo se hablaba de alta política, todo en serio. De la familia mi único amigo era Juan Duarte, Juancito... Ese loco me divertía. Es que no éramos del palo de los sabihondos. Mire cómo ''lo terminaron'' al pobre Juancito. Lo pasaba regio con él. También con Jorge Antonio. No criticaban mi vida de artista. ¿O quién era yo: Tania de Arco?".

Para servir al movimiento no había otro poeta y dramaturgo de la autoridad de Discépolo. Leopoldo Marechal y Castiñeira de Dios eran demasiado cultos y con cierta veta mística. Manzi venía del radicalismo y FORJA, y estimaba que Perón podía ser un seguidor del primer Yrigoyen, pero su apoyo era reticente. Leónidas Lamborghini aún no tenía 20 años. Enrique aportaba calidez a las charlas con Perón creando cuentos y fábulas.

Cadícamo rescataba una que a Perón le había causado mucha gracia. Un violinista, excéntrico musical, presenta a un empresario de circo su número de excéntrico musical. Coloca una tarima alta sobre una mesa, encima de ésta pone una silla, arriba de la silla, un taburete, y luego, violín en mano, se encarama hasta el último piso y acrobáticamente se para de cabeza abajo en la cima de la peligrosa plataforma. En esa posición comienza a tocar una melodía oriental. Al rato el empresario le dice que era suficiente. El artista le pregunta su opinión, entonces, sin mirarlo, el otro dictamina: "Si no fuera tan desafinado... Una lástima".

Aun sin un sí definitivo empezaron los encargos que él, de ser otro el origen, solía rechazar preservando su autonomía ideológica y literaria. Desde una nueva versión de a una serie de audiciones radiales para evocar momentos de su vida y su carrera, y de paso arrimar apoyo proselitista. Proyecto que culminaría con la aparición de Mordisquito, figura que representaba a un opositor ("contrera", en el lenguaje oficial), a quien desafía a no trampear en el análisis de la realidad de la "nueva Argentina". En los libretos iniciales colaboraron Abel Santa Cruz y Julio Porter. A Enrique no lo conformaban los textos y decidió meter mano. Con su pluma, lejos de su estilo, puso en acción enconos que no poblaban su alma. Sin odiar, hería a fondo. Había oficio y bronca. La oposición y muchos amigos y camaradas del ambiente artístico lo condenarían a perpetuidad. "La vocecita aguda, chillona, empezó a molestar a la gente decente", ironiza Norberto Galazo. "Enrique fue muy, muy feliz hasta que Perón le encargó lo de la radio. Lo puteaban por teléfono y quiso devolver, pero no estaba hecho para esas peleas, no resistió. Todos los días nos llegaban paquetes, adentro había discos con sus tangos rotos a martillazos y pilas de mierda, eso, mierda todavía caliente. Lo volvieron loco. Perón mandó los mejores médicos, pero Chachi se dejó consumir en su sillón. Murió de tristeza. A mí no me hubiera pasado", perdía la serenidad Tania al evocar aquellos días.

Discépolo escribe su último tango: , con música de Mores. En la letra asoma, como si fuese un anuncio, el "me entregué sin luchar". Dato curioso: un verso de la letra, para muchos inolvidable - "de chiquilín te miraba de afuera"- fue aportado por un amigo extranjero de Enrique. El hallazgo fue de Arturo de Córdova, galán de Zully Moreno en el célebre culebrón de la época, . Se habían conocido en México, tierra de Arturo, y éste, de sólo escucharlo a Enrique, se trasformó en fervoroso tanguero.

La sentencia de no se cumple todavía: antes del final sus enemigos lo van a balear sin asco ni piedad. Cadícamo contaba que Enrique le había dicho: "En media hora liquido cada audición, en una de ésas porque en el fondo me jode hacerlas". Personajes de la talla de Francisco Petrone, Arturo García Buhr y Orestes Caviglia cuestionan su adhesión al peronismo y terminan por negarle el saludo. Perón, además, lo pone al frente del Teatro Cervantes y Enrique admite que no sabe decirle no a su amigo.

A esta altura se dan tres sucesos extrañamente encadenados y con siete meses de distancia entre uno y otro. Acorralado por un cáncer y ya sin esperanzas, Homero Manzi le dedica a Enrique (con música de Troilo) el extraordinario tango . En el último verso dice: "No ves que están bailando, no ves que están de fiesta, vamos, que todo duele, viejo Discepolín". Invitación a un encuentro no precisamente terrenal. Manzi muere en mayo de 195l. En diciembre del mismo año se derrumba Discépolo y Eva Perón envía una corona de flores en la que la clásica leyenda en letras doradas sólo dice: "Hasta pronto". Cita con sabor a deseo tan premonitorio como certero. En julio del 52 muere ella.

Perón cita en sus discursos fragmentos de los diálogos con Mordisquito y ordena una discreta protección policial sobre Discépolo. Triunfa en los comicios y consigue la reelección, pero con escenas de violencia o calladamente, Discépolo se va quedando más y más solo. Y recurre al humor: "Si mi esqueleto sirve para algo, lo pongo a su disposición", le manda a decir a Perón ante el fallido golpe militar del general Benjamín Menéndez (setiembre del 51). La revista Mundo radial publica la que será foto postrera de Enrique. Se lo ve con un vaso de whisky en la mano. "Perón es la patria, Eva Perón es nuestra bandera, el puente para el goce pleno de esta felicidad tan criolla", declara. Al proclamarse la fórmula Balbín-Frondizi, Balbín acusa a Discépolo de "haberse vendido a la dictadura". Veintitrés años después, en el entierro de Perón, declamará que despide a un amigo. De Discépolo volverá a acordarse. Pero si alcanzó a consagrar la amistad con Perón, se diría que cabe sobreseer a Discépolo de la acusación de mercenario.

Aplastado por la soledad y la fiebre de Malta, Discépolo le anuncia a Perón su deseo de hacer un viaje a México y Europa. En un barco de carga, naturalmente, para que dure largo. Perón le pide que lo postergue y propone que esperen juntos la Navidad, como otros años, en la quinta de San Vicente. "Usted tiene que aplicarse inyecciones todos los días. Mejor quédese aquí hasta finalizar el tratamiento", presiona Perón. "Las últimas inyecciones me las van a dar en el sobretodo", bromea Enrique. Sintiéndose atado, invita a Mores a pasar tres meses, hasta el inalcanzable marzo del 52, en Pinamar. Pero Mariano debe extender una exitosa gira por Brasil. "Todavía hoy me pesa la culpa de no haber podido irme con Enrique, mi amigo, casi mi padre"- admite Mores. Discépolo fuma, no come, bebe un par de whiskies al día. El domingo 23 de diciembre su estado se agrava. Un hondo dolor le tajea el pecho, respira con dificultad. Se deja caer en su sillón. Será sin luchar, nomás. "Tengo frío", es lo último que dice. Llega Troilo, pero ya ha perdido el conocimiento. Muere a las 11 de la noche. En la capilla ardiente, montada en SADAIC, lo rodean el Gordo, Catulo Castillo, Quinquela y a las 2 aparece Perón. Al enterarse de la muerte, las bataclanas del Marabú juntan las flores de las mesas del cabaret y las llevan al velorio. Son las primeras flores, acaso las únicas que habría elegido. Sus criaturas no le fallan.

Ya casi un clásico de diciembre, se realizó recientemente en la ciudad de Rosario el Festival Experimenta 8 Teatro, organizado por el grupo El rayo misterioso que dirige Aldo El-Jalib. De la mañana a la noche hubo talleres, mesas redondas, seminarios y representaciones en la sala que el grupo rosarino tiene a pocos pasos del Paraná. "Se convoca a aquellos que trabajan con la actitud de grupo y una modalidad de investigación -especifica El-Jalib- y uno de los objetivos es generar espacios de reflexión. Cada grupo presenta su estética pero también su ética, su forma de ver el mundo, de sostener su espectáculo y de encarar la búsqueda". Acorde con sus palabras, las salas del Teatro El rayo fueron bautizadas Jerzy Grotowski y Antonin Artaud, primeras influencias (además de Tadeusz Kantor y Eugenio Barba) de locales e invitados, mayormente inscriptos en el llamado teatro físico. Aunque los grupos participantes aclaran que ya no siguen al pie de la letra las técnicas de aquellos antecesores y cada uno mostró un camino personal, sí coinciden en rescatar el espíritu y la ética del creador del "teatro pobre". No casualmente se realizó una charla de Rubens Correa acerca de Teatro Abierto.

El más antiguo y emblemático de los grupos participantes, Comuna Baires, fue en los 60 uno de los primeros en instalar en nuestro país el concepto de teatro-laboratorio. En esta oportunidad presentó una obra que ya lleva diez años, , y que según su director, Renzo Casali, surgió de "pensar la comicidad como el choque patético con una realidad que nos cuesta comprender". Casali sintetizó la tendencia de Experimenta con una frase: "El actor es un poeta que escribe con el cuerpo". Contó que da a los actores una idea pero no les dice cómo hacerla: "Cada actor la desarrolla desde su propia experiencia genuina". Comuna reside en Milan, visitó anteriormente nuestro país e incluso realizó giras por el interior. Se expresa en un particular cocoliche que su director explicó como una necesidad: "El grupo se formó pocos días antes del Cordobazo y luego editamos la revista Teatro 70. Cuando la Triple A secuestró a algunos integrantes, nos fuimos a Europa; los que se quedaron, desaparecieron. Vivimos diez años en gira permanente y se nos iban uniendo otro tipo de exiliados de otros países; lo primero que quita el exilio es la propia lengua, que es un paisaje mental y la posibilidad de poder contar algo a otro, por eso decidí que cada uno debía seguir hablando en su propio idioma, el teatro no es información sino expresión. Casali, que inauguró el Festival, ubicó también la ética en primer lugar: "Somos el único grupo en Europa que no pide ni acepta subsidios. El Estado tiene que garantizar lugares para hacer teatro, las condiciones, la técnica y la información; en el resto se debe ser absolutamente independientes. Cuando empezamos fue justamente porque queríamos repetir experiencias como las del Teatro del Pueblo o La máscara." Casali nació en Italia pero se crió desde niño en Argentina y estudió en Praga. Aquella formación checa y en una época en que Praga era un faro para el teatro lo convenció de que "deberíamos cambiar la idea del crítico por la del dramaturgo, un teórico que acompaña todo el proceso de la obra desde su gestación y puede aportar una mirada desde adentro; el crítico lo ve desde afuera y una sola noche que puede ser mala". En cuanto a nuestro país, que de algún modo es suyo también, se lamentó de encontrar "un empobrecimiento del lenguaje, una reducción del esfuerzo de creaciones complejas, en todos los niveles. " Este grupo pionero debatió en el encuentro con otros nuevos y de integrantes jóvenes que en cambio interpretaban la reducción como búsqueda de menos ampulosidad y de mayor naturalidad, aunque una idea no excluye la otra. Entre los argentinos se encontraban el grupo cordobés Acto, los rosarinos Ruega por nosotros y Punto 0 y los bonaerenses Mondo Pasta, Tiempo de Teatro y Filumena. Cada grupo presentó el desmontaje de su obra, es decir el análisis del proceso desde su comienzo, y en lo que todos coincidieron fue en una dramaturgia posterior y no previa, tendencia que se corroboró en el Seminario "Dramaturgia y sus múltiplos", del brasileño Albemar Araujo, y en el Taller de dirección dictado por la mexicana Claudia García Villa. Además de Comuna, los grupos que generaron mayores expectativas fueron el finlandés The mime centre y Escena de Caracas; este último presentó , basada en el libro homónimo de poemas de Rafael Castillo Zapata. "Desarrollamos coreografías para el cancionero del 50, que estaba implícito en los poemas -detalló Miguel Issa, director invitado por este grupo venezolano que lidera Delbis Cardona-; a la vez leímos ; sintetizamos imágenes a partir de fotos personales y ajenas, y por separado decíamos los textos según nuestras partituras corporales. Luego, como en un rompecabezas, las piezas que funcionaban se fueron uniendo. El montaje final lo realiza cada espectador."

Reveladora fue la experiencia relatada por Nixon García, director del Festival Internacional de Manta, Ecuador: "Cuando comenzamos no había teatro en nuestra pequeña ciudad costera. No sólo hicimos el esfuerzo de formar el grupo La trinchera, también generamos un público y una necesidad. El Festival ya tiene 19 años y logramos que la universidad y la municipalidad dieran espacio y apoyo para nuestra tarea docente con que formamos casi cincuenta chicos por año."

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Fue actor, dramaturgo y cineasta, aunque se destacó como compositor y letrista de tangos. Huérfano desde los nueve años, lo crío su hermano Armando, un dramaturgo del grotesco rioplatense que le transmitió su pasión por el teatro. Debutó como actor en 1917 y como dramaturgo en 1918 con Los duendes. Pese a la oposición de su hermano, en 1925 comienza a componer los tangos cuyas letras angustiadas e irónicas lo convertirían en uno de los grandes renovadores del género. Entre sus mayores éxitos figuran "Cambalache" (1935), "Uno" (1943) y "Cafetín de Buenos Aires" (1948).

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