Directorio Industrial.
La ciudad lienzo...
Málaga ha hecho de Picasso un reclamo turístico y una manera práctica de ocultar la rehabilitación de céntricos edificios, cuyas fachadas, en lugar de ser descarnadas heridas o construcciones entre la fragilidad del equilibrio y el vacío, se transforman en enormes cuadros que, como informaba el viernes el compañero Miguel Ferrari, atraen el interés de los turistas. Esos cazadores de souvenires fotográficos que tal vez se preguntan por qué en las oficinas de información no les dan un mapa de mano para orientarse por ese itinerario de casas en las que admirar, sin colas ni guardianes de sala, la obra del pintor malagueño. Claro que el que no exista esa especie de guía no le resta importancia al hecho de que el Ayuntamiento haya convertido, posiblemente sin proponérselo, el centro en un itinerario escénico-decorativo. Una práctica que comenzó cuando el pop norteamericano, inspirándose en la técnica muralista y en la publicidad, llevó su arte a los edificios de Los Ángeles. Desde entonces, el gesto artístico fue proliferando por diferentes capitales extranjeras, hasta que en los ochenta Cessepe hizo de una vivienda particular, de la madrileña Cava Baja, un mar vertical donde nadaba una de sus bellas sirenas de moda. Pocos años después, entre el 89 y el 92, Carlos Franco envolvió la fachada de La Real Casa de Panadería de la Plaza Mayor con pinturas barrocas de ninfas y musas y esa fascinante intervención le siguieron la de Mingote en La Puerta de Alcalá, la de Salvador González en el Callejón de Hamel en La Habana, la de Bartolozzi en Pamplona y, entre otras muchas, la actual ampliación del Banco de España en Madrid que luce el antifaz de `La Primavera´ de Goya. Algunos de los enmascaramientos plásticos, más reconocidos, a los que añadirle los que hicieron Moreno Peralta en el Hotel Larios, colocando los rostros de su equipo asomados a las falsas ventanas, o las de las fachadas del centro de La Coruña que simulaban el estado de las obras.
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