Directorio Industrial.
Más de noventa comunidades con sed...
Franklin Altamirano hace girar sin dificultad la rueda de la bomba de mecate y extrae un poco de agua del pozo comunitario. “Es para que mi mamá haga el café”, explica el niño de 9 años mientras llena dos galones plásticos.
Su familia vive en la cañada de San Pedro de Susumá, a menos de un kilómetro del vertedero municipal, al sur de la ciudad de Matagalpa, a donde van todos los días a traer agua, la que sacan de un pozo cada vez menos bondadoso.
Gloria López considera que el pozo “podría secarse pronto”, si los pobladores de San Pedro de Susumá y de los barrios cercanos, como el Sor María Romero, continúan despalando la zona para obtener leña.
El cauce de la otrora caudalosa quebrada San Pedro de Susumá, 40 metros al norte del pozo, está seco y la causa es la deforestación, a pesar de que está en la zona de amortiguamiento de la Reserva Natural Cerro Apante, afirma Franklin Moore López, originario de la Costa Caribe que llegó a vivir a la zona de Matagalpa hace 12 años.
“La gente corta todos los palos. En la mañana siempre se ve a la gente llevando leña para venderla”, dice Moore, quien considera que el impacto ambiental ha sido menor en San Pedro de Susumá porque “hay un proyecto que nos vive aconsejando que no hay que quemar” las parcelas agrícolas.
Pobladores de la comunidad La Grama, municipio de Somoto, están preocupados porque la Reserva Natural Tepesomoto-La Patasta corre peligro y de allí depende que haya agua en la zona.
Rafael Gutiérrez González, de 38 años, fue detenido por la Policía Nacional en Madriz por haber incendiado 40 manzanas de esa reserva natural, el 19 de marzo pasado.
El problema es que Gutiérrez ya está en libertad y regresó a La Grama, dice la educadora María Sara López, de 44 años, quien teme que él vuelva a provocar otro incendio forestal.
Tepesomoto-La Patasta es una reserva valiosa porque reúne bosque, fauna, lagunas y ríos en los municipios de Somoto, San Lucas, San Juan de Limay, San José de Cusmapa, Las Sabanas y Pueblo Nuevo.
En la zona de Aguas Calientes el comité de cuencas desarrolla labores de conservación de una fuente que suministra el 30 por ciento del agua que consume la ciudad de Somoto.
Debido a la quema que hizo Gutiérrez González en el cerro Tepesomoto, pobladores de La Grama tienen hoy problemas para abastecerse de agua y recorren largas distancias para obtenerla.
Marlon Lira, jefe de la oficina del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Madriz, explicó que este año se han reducido en 70 por ciento las quemas.
“Existe mal uso de suelo, agua y bosque. Un estudio coordinado por el INTA y el Minsa arrojó como resultado que el 47 por ciento del agua de la subcuenca Aguas Calientes está contaminada con coliforme fecal y otro tipo de bacterias”, afirmó Lira.
En la mente de estelianos de la tercera edad persiste el recuerdo de cómo era el departamento de Estelí hace unas décadas: clima fresco, mucha neblina y agua cristalina en abundancia.
Había bosques de pino y otros árboles, en las zonas de Miraflor y El Tisey, donde los monos, los venados y los tigrillos, entre otros animales silvestres, se observaban desde los caminos.
Ahora, algunos de esos lugares están desérticos y sin fuentes de agua.
El río Estelí, que nacía en El Tisey, tiene en su lecho sólo arena, piedra y basura.
Los municipios de La Trinidad, Pueblo Nuevo, San Nicolás y San Juan de Limay enfrentan sequías severas y sus tierras se han vuelto improductivas.
En otros casos, los pozos y otras fuentes de agua son contaminados por letrinas que filtran las heces fecales a las aguas subterráneas.
El ingeniero José Ángel Rugama Urrutia, delegado del Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) en Estelí, afirma que las tradicionales quemas de parcelas, previo a la siembra, son causa de incendios que han arrasado con bosques de pino y de otras maderas preciosas, además de destruir las fuentes de agua.
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