A partir de entonces, con una inversión poderosa y llamativa, su obra comenzó a ser legitimada en importantes museos y galerías del país y del exterior. Sus pinturas se exhiben en el Museo Nacional de Bellas Artes, el Castagnino de Rosario, El Caraffa de Córdoba, el Rosa Galisteo de Santa Fe, el Torres García de Montevideo y, además, en las galerías Hirsh & Adler y Ramis Barquet de Nueva York, entre otras de Londres, Madrid y Barcelona. En apenas diez años y después de muerto, Lisa se ha agenciado de un currículum que pocos artistas disfrutan. El corolario es que la vasta producción de Lisa que hace diez años no tenía ningún valor económico, pasó en menos de diez años a venderse en cifras que (según se la calidad, época y tamaño de las obras) superan los 20.000 dólares.

En la galería Zavaleta Lab, artista abstracta Marcolina Dipierro presenta una imperdible muestra de acuarelas y animaciones con un texto de Marina de Caro. Con mínimos recursos la artista crea una armonía precaria, delicada, estupenda.

Hoy, en el palacio Duhau/Hyatt, Make a Wish anunciará «Soñarte, Sueños pintados», un proyecto donde «artistas plasticos de nuestro pais participaran con una obra donde expresaran lo que soñaban de pequeños para luego ser subastadas en el Malba en el mes de agosto a total beneficio de la fundacion que preside Monica Parisier y que tiene por objeto cumplir con los sueños de niños con enfermedades terminales».

El jueves la galería Agalma presenta « Tierra de sombras», muestra de Susana Rodríguez.

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