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El nuevo e inmundo negocio de la “ecomafia” italiana...
Según el informe, las cuatro mafias italianas (la Cosa Nostra siciliana, la Camorra napolitana, la Ndrangheta calabresa y la Sacra Corona Unita de la región de Apulia) facturan por ese concepto 23 mil millones de euros anuales (unos 18.400 millones de dólares); y la mole de desechos que cada año desaparece como por milagro viene a ser tan alta como el Gran Sasso, montaña de 2.600 metros ubicada 120 kilómetros al este de Roma.
Las cuatro regiones con histórica presencia mafiosa acaparan el 45,9% de los delitos medioambientales del país, con especial protagonismo de Campania, región de la que Nápoles es capital, y de Sicilia.
“Italia sufre el ecocrimen más que otros países europeos, porque las mafias han introducido de modo estable el negocio ambiental en sus actividades”, explica Roberto della Seta, presidente de Legambiente. “Por ello, es importante dar a las fuerzas del orden las mejores condiciones para la tarea de represión de las ecomafias y trabajar en la prevención”, precisa.
El mecanismo, que el año pasado hizo desaparecer unos 26 millones de toneladas de basura, funciona más o menos como lo describe el escritor Roberto Saviano en su libro “Gomorra”, publicado el año pasado, y que le ha valido amenazas de la Camorra hasta obligarle a llevar escolta. Ocurre así: un mediador experto en cuestiones medioambientales se presenta en empresas químicas, fábricas de plásticos o grandes curtiembres, de cualquier lugar de Italia, y les propone precios para la eliminación de sus residuos industriales.
El coste es siempre más ventajoso que el de eliminarlos por la vía legal, a pesar de que el mediador nunca transmite la idea de que se trata de una actividad delictiva, y de que la empresa finge no darse cuenta de ello. Ejemplo: una operación policial del 2004 reveló que, si el coste de la eliminación legal de residuos iba de 21 a 62 céntimos por kilo, en función de la sustancia, los clanes mafiosos podían ocuparse del problema por 10 céntimos el kilo. El mediador pone en contacto a los interesados de ambas partes: empresas que piensan sólo en el beneficio, y clanes que se enriquecen con ello.
La inmundicia, sea industrial o urbana, o mezclada para camuflar los residuos tóxicos, termina en vertederos ilegales o en fosas cavadas junto a campos labrados. Cuando hay mucha, le prenden fuego. “Los jefes mafiosos no han tenido escrúpulos en cubrir de veneno sus propios pueblos, en dejar marchitar las tierras que rodean sus villas”, escribe Saviano en “Gomorra”. “La vida de un capo es breve, el poder de un clan mafioso entre venganzas, detenciones, masacres y cadenas perpetuas, no puede durar mucho”, explica.
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